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Ópera en el Arena de Verona: dos mil años de espectáculo en las mismas piedras

20/05/2026
Era il 10 agosto 1913. La notte era calda, il cielo sopra Verona pieno di stelle, e l’Arena era stracolma come non lo era da secoli. In platea e sulle gradinate si mescolavano veronesi e stranieri arrivati da ogni parte d’Europa e d’America. Tra il pubblico c’erano Giacomo Puccini, Pietro Mascagni, Arrigo Boito. E, in disparte, un giovane scrittore ceco di trentuno anni che prendeva appunti: Franz Kafka.

Sul palco, tra scenografie monumentali con colonne egizie alte quanto le arcate romane, andava in scena l’Aida di Giuseppe Verdi. Era la prima opera lirica mai rappresentata nell’anfiteatro. Fu un successo clamoroso. I giornali dell’indomani scrissero di “un delirante entusiasmo di una folla cosmopolita”. E quella notte, quasi per caso, nacque la più grande stagione lirica all’aperto del mondo.

Ma l’Arena era lì da quasi duemila anni. E la sua storia, prima di arrivare a quella notte d’agosto, era stata tutt’altro che romantica.

Era el 10 de agosto de 1913. La noche era cálida, el cielo sobre Verona estaba lleno de estrellas y el Arena estaba abarrotado como no lo había estado desde hacía siglos. En el patio de butacas y en las gradas se mezclaban veroneses y visitantes llegados de todas partes de Europa y América. Entre el público estaban Giacomo Puccini, Pietro Mascagni, Arrigo Boito. Y, en un rincón, un joven escritor checo de treinta y un años que tomaba notas: Franz Kafka.

En el escenario, entre decorados monumentales con columnas egipcias tan altas como los arcos romanos, se representaba el Aida de Giuseppe Verdi. Era la primera ópera lírica jamás representada en el anfiteatro. El éxito fue clamoroso. Los periódicos del día siguiente hablaron de “un deli­rante entusiasmo de una multitud cosmopolita”. Y aquella noche, casi por casualidad, nació la mayor temporada lírica al aire libre del mundo.

Pero el Arena llevaba allí casi dos mil años. Y su historia, antes de llegar a aquella noche de agosto, había sido cualquier cosa menos romántica.

De la sangre a la música: qué ocurría en el Arena antes de la ópera

El Arena fue construido hacia el año 30 d.C., entre el reinado de Augusto y el de Claudio. Su función original era clara: albergar combates de gladiadores, caceras de animales feroces y exóticos, y espectáculos públicos de todo tipo. Podía acoger a unos treinta mil espectadores. Era, en los términos de la época, un estadio.

Los gladiadores eran en su mayoría esclavos entrenados para el combate, divididos en categorías según sus armas y armaduras: el murmillo con escudo y espada, el retiario con red y tridente, el secutor con yelmo y espada corta. Se enfrentaban en duelos a menudo a muerte, ante una multitud que tomaba partido ruidosamente. Plinio el Joven cita explícitamente el Arena de Verona en una carta, hablando de espectáculos de gladiadores ofrecidos a la ciudad en memoria de una esposa fallecida. Pero los anfiteatros romanos no eran solo lugares de violencia: acogían también representaciones teatrales, actuaciones musicales y ceremonias públicas. El vínculo entre Verona y la música, que la guía de la visita al Arena presenta como algo que “tiene sus raíces ya en la época romana”, no es por tanto una metáfora, sino historia documentada.

Con el fin del Imperio Romano y el auge del Cristianismo, los juegos de gladiadores fueron prohibidos por el emperador Honorio en el año 404 d.C. El Arena siguió en pie, pero entró en un largo período de transformaciones y abandonos parciales. En la Edad Media se convirtió en escenario de procesos por combate: quien tenía un pleito incierto podía encomendarlo a un luchador profesional, llamado campeón, que combatía en su lugar ante la multitud. El propio Dante, durante su estancia en Verona, asistió a uno de esos enfrentamientos y lo describió en un canto del Infierno.

En 1278, dentro del Arena, fueron quemados en la hoguera cerca de doscientos hérejes cátaros. En la Edad Media se celebraron torneos de caballería. En época veneciana se realizaban corridas de toros y mastines. En 1805, Napoleón asistió a un espectáculo. Las mismas piedras que hoy sostienen el escenario de la ópera han visto cosas difíciles de imaginar cuando se contempla la escena iluminada de una noche de verano

Cómo se salva un anfiteatro: las decisiones que mantuvieron el Arena en pie

El Arena no ha sobrevivido solo. Ha sobrevivido gracias a una serie de decisiones precisas, tomadas a lo largo de los siglos, que impidieron su demolición o su degradación definitiva.

El primer gran peligro llegó enseguida. Bajo el reinado de Teodorico, en los siglos V y VI, el anillo exterior del anfiteatro fue en parte demolido: las piedras servían para construir las nuevas murallas defensivas de la ciudad, y la altura del Arena — treinta metros, muy por encima de las murallas — lo hacía peligroso en caso de asedio, pues un enemigo podría ocuparlo como fortaleza elevada. Del magnífico anillo exterior, que en origen rodeaba todo el anfiteatro con setenta y dos arcos en tres órdenes, hoy solo queda un fragmento de cuatro arcos: el llamado Ala, que aún puede verse sobresaliendo del cuerpo principal como un retazo de fachada superviviente.

En 1117, un violentísimo terremoto — el más fuerte registrado hasta entonces en el norte de Italia — destruyó gran parte de lo que quedaba del anillo exterior. Las piedras caídas fueron reutilizadas en otras construcciones de la ciudad. Pero la cavea interior, la parte donde se sienta el público, quedó sustancialmente intacta.

Fue durante el Renacimiento cuando el Arena encontró sus primeros verdaderos defensores. Artistas y arquitectos como Giovanni Maria Falconetto, Fra Giovanni da Verona y después Andrea Palladio comenzaron a estudiarlo, relevarlo y publicar dibujos del mismo. La cultura renacentista había redescubierto la antigüedad como un valor, y el Arena se convirtió de repente en un monumento que preservar en lugar de una cantera de mármol. En 1537 fue definitivamente expulsada la colonia de prostitutas que desde hacía siglos ocupaba los arcos exteriores, sustituida por artesanos y comerciantes. En el siglo XVI comenzó la primera restauración sistemática de la cavea.

Los trabajos más importantes del siglo XX se llevaron a cabo entre 1953 y 1960: consolidación estructural con cables de acero pretensado, recuperación de los arcos para usos adecuados, renovación del pavimento, restauración de todo el anillo exterior. Fue en aquellos años cuando el Arena adquirió el aspecto que tiene hoy.

El 10 de agosto de 1913: cómo una idea casual se convirtió en una tradición centenaria

La idea de llevar la ópera lírica al Arena surgió casi como una broma. Giovanni Zenatello, tenor veronés de fama internacional, se encontraba un día con unos amigos dentro del anfiteatro. Casi por juego, entonó un aria. Todos quedaron impresionados por la acústica extraordinaria: la voz llenaba el Arena sin amplificación, rebotando en las piedras con una perfección inesperada.

La idea tomó forma rápidamente. Era 1913, año del centenario del nacimiento de Giuseppe Verdi. Zenatello convenció al empresario teatral Ottone Rovato para organizar una gran representación en el anfiteatro. La elección de la ópera fue natural: el Aida, la más espectacular de Verdi, la que exigía elefantes vivos en escena, coros inmensos, decorados monumentales. Una ópera pensada para espacios enormes.

Para los decorados fue llamado Ettore Fagiuoli, un joven arquitecto veronés sin ninguna experiencia teatral. Precisamente por eso — razonaron los organizadores — abordaría el problema sin prejuicios. Fagiuoli tomó una decisión radical: eliminó el concepto mismo de telón de fondo pintado. Las gradas y los arcos de piedra roja del Arena se convertirían en parte de la escenografía. Frente a ellos colocó enormes columnas de bulto redondo, estatuas gigantescas, cortinas. El antiguo Egipto del Aida y la Verona romana se superpusieron visualmente, creando un efecto que ningún teatro cerrado habría podido replicar.

La noche del 10 de agosto de 1913, el anfiteatro estaba lleno. Habían llegado espectadores de toda Italia y Europa, entre peleas y aglomeraciones en las entradas. El éxito fue inmediato y total. Al año siguiente la temporada se repitió. Y desde entonces — salvo las interrupciones forzadas de las dos guerras mundiales y la pandemia de 2020 — el Arena de Verona acoge cada verano el Festival Lírico, que ha llevado a su escenario a Maria Callas, Luciano Pavarotti, Plácido Domingo, Franco Zeffirelli como director artístico, y cada año cientos de miles de espectadores de todo el mundo.

El Aida es la única ópera que ha figurado en el programa de cada edición del festival sin excepción. Se ha convertido casi en un himno: la famosa marcha triunfal es cantada en el estadio por los aficionados del Verona fútbol.

Visitar el Arena: de día y de noche

El Arena puede visitarse durante el día como museo y monumento: se accede a la cavea, se camina por las mismas gradas donde se sentaban los espectadores romanos, se observa el escenario desde arriba y desde abajo. La estructura cuenta dos mil años de historia de forma directa — las piedras originales, los vomitorios de acceso, los corredores subterráneos, el único fragmento del anillo exterior superviviente.

Por la noche, durante la temporada estival, la experiencia cambia por completo. La 103ª edición del Festival Lírico se desarrolla del 12 de junio al 12 de septiembre de 2026, con un programa que combina los grandes títulos de la tradición operística con conciertos y eventos musicales. La tradición quiere que cada espectador lleve consigo una vela: cuando las luces se apagan y miles de llamas se encienden en las gradas, se crea uno de los efectos visuales más extraordinarios que Verona puede ofrecer. No hay amplificación: voces y orquesta llenan el Arena gracias a la acústica natural descubierta por casualidad por Zenatello hace un siglo.

FAQ

¿Cuándo fue construido el Arena de Verona?

El Arena fue construido hacia el año 30 d.C., entre el reinado de Augusto y el de Claudio. Es uno de los anfiteatros romanos mejor conservados del mundo, con una capacidad original de unos treinta mil espectadores. Es más antiguo que el Coliseo de Roma, que data del año 80 d.C.

¿Cuándo nació la temporada lírica del Arena de Verona?

El Festival Lírico del Arena de Verona nació el 10 de agosto de 1913, con la primera representación del Aida de Giuseppe Verdi, organizada por el tenor veronés Giovanni Zenatello para celebrar el centenario del nacimiento de Verdi. Desde entonces la temporada se ha celebrado cada año, con las únicas interrupciones de las dos guerras mundiales y la pandemia de 2020.

¿Qué es el llamado Ala del Arena?

El Ala es el único fragmento superviviente del anillo exterior original del Arena, formado por cuatro arcos en tres órdenes de piedra roja veronesa. El resto del anillo exterior fue demolido bajo Teodorico en los siglos V-VI para obtener material de construcción, y posteriormente dañado por el terremoto de 1117.

¿Se puede visitar el Arena de Verona durante el día?

Sí. El Arena es visitable como monumento de martes a domingo, de 9 a 19 horas, excepto en los días de espectáculo. Se accede a la cavea, las gradas y las estructuras interiores. En los días de espectáculo nocturno el horario de visita diurna se reduce.

¿Por qué se llevan velas a la ópera en el Arena?

La tradición de la vela es una de las características más icónicas de la temporada lírica del Arena. Cuando las luces se apagan y miles de llamas se encienden en las gradas, se crea un efecto visual único. La tradición se consolidó a lo largo del siglo XX y hoy es parte integrante de la experiencia.

Para quienes quieran descubrir el Arena con la profundidad histórica que merece, Verona Guide ofrece el servicio Ópera lírica & Espectáculos en el Arena: guías autorizados acompañan a los visitantes en el descubrimiento del monumento antes del espectáculo — para llegar al Arena con el contexto histórico y artístico que hace la experiencia plenamente comprensible — o después, para completar la velada con una lectura más profunda de lo vivido. Para información sobre el calendario de la temporada 2026 y la disponibilidad de los guías, contactar con Verona Guide