{"id":10120,"date":"2026-05-20T13:55:36","date_gmt":"2026-05-20T12:55:36","guid":{"rendered":"https:\/\/veronaguide.it\/?p=10120"},"modified":"2026-05-20T13:55:39","modified_gmt":"2026-05-20T12:55:39","slug":"opera-en-el-arena-de-verona-dos-mil-anos-de-espectaculo-en-las-mismas-piedras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/veronaguide.it\/es\/magazine-es\/opera-en-el-arena-de-verona-dos-mil-anos-de-espectaculo-en-las-mismas-piedras\/","title":{"rendered":"\u00d3pera en el Arena de Verona: dos mil a\u00f1os de espect\u00e1culo en las mismas piedras"},"content":{"rendered":"<p>Era el 10 de agosto de 1913. La noche era c\u00e1lida, el cielo sobre Verona estaba lleno de estrellas y el Arena estaba abarrotado como no lo hab\u00eda estado desde hac\u00eda siglos. En el patio de butacas y en las gradas se mezclaban veroneses y visitantes llegados de todas partes de Europa y Am\u00e9rica. Entre el p\u00fablico estaban Giacomo Puccini, Pietro Mascagni, Arrigo Boito. Y, en un rinc\u00f3n, un joven escritor checo de treinta y un a\u00f1os que tomaba notas: Franz Kafka.<\/p><p>En el escenario, entre decorados monumentales con columnas egipcias tan altas como los arcos romanos, se representaba el Aida de Giuseppe Verdi. Era la primera \u00f3pera l\u00edrica jam\u00e1s representada en el anfiteatro. El \u00e9xito fue clamoroso. Los peri\u00f3dicos del d\u00eda siguiente hablaron de \u201cun deli\u00adrante entusiasmo de una multitud cosmopolita\u201d. Y aquella noche, casi por casualidad, naci\u00f3 la mayor temporada l\u00edrica al aire libre del mundo.<\/p><p>Pero el Arena llevaba all\u00ed casi dos mil a\u00f1os. Y su historia, antes de llegar a aquella noche de agosto, hab\u00eda sido cualquier cosa menos rom\u00e1ntica.<\/p><h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>De la sangre a la m\u00fasica: qu\u00e9 ocurr\u00eda en el Arena antes de la \u00f3pera<\/strong><\/h2><p>El Arena fue construido hacia el a\u00f1o 30 d.C., entre el reinado de Augusto y el de Claudio. Su funci\u00f3n original era clara: albergar combates de gladiadores, caceras de animales feroces y ex\u00f3ticos, y espect\u00e1culos p\u00fablicos de todo tipo. Pod\u00eda acoger a unos treinta mil espectadores. Era, en los t\u00e9rminos de la \u00e9poca, un estadio.<\/p><p>Los gladiadores eran en su mayor\u00eda esclavos entrenados para el combate, divididos en categor\u00edas seg\u00fan sus armas y armaduras: el murmillo con escudo y espada, el retiario con red y tridente, el secutor con yelmo y espada corta. Se enfrentaban en duelos a menudo a muerte, ante una multitud que tomaba partido ruidosamente. Plinio el Joven cita expl\u00edcitamente el Arena de Verona en una carta, hablando de espect\u00e1culos de gladiadores ofrecidos a la ciudad en memoria de una esposa fallecida. Pero los anfiteatros romanos no eran solo lugares de violencia: acog\u00edan tambi\u00e9n representaciones teatrales, actuaciones musicales y ceremonias p\u00fablicas. El v\u00ednculo entre Verona y la m\u00fasica, que la gu\u00eda de la visita al Arena presenta como algo que \u201ctiene sus ra\u00edces ya en la \u00e9poca romana\u201d, no es por tanto una met\u00e1fora, sino historia documentada.<\/p><p>Con el fin del Imperio Romano y el auge del Cristianismo, los juegos de gladiadores fueron prohibidos por el emperador Honorio en el a\u00f1o 404 d.C. El Arena sigui\u00f3 en pie, pero entr\u00f3 en un largo per\u00edodo de transformaciones y abandonos parciales. En la Edad Media se convirti\u00f3 en escenario de procesos por combate: quien ten\u00eda un pleito incierto pod\u00eda encomendarlo a un luchador profesional, llamado campe\u00f3n, que combat\u00eda en su lugar ante la multitud. El propio Dante, durante su estancia en Verona, asisti\u00f3 a uno de esos enfrentamientos y lo describi\u00f3 en un canto del Infierno.<\/p><p>En 1278, dentro del Arena, fueron quemados en la hoguera cerca de doscientos h\u00e9rejes c\u00e1taros. En la Edad Media se celebraron torneos de caballer\u00eda. En \u00e9poca veneciana se realizaban corridas de toros y mastines. En 1805, Napole\u00f3n asisti\u00f3 a un espect\u00e1culo. Las mismas piedras que hoy sostienen el escenario de la \u00f3pera han visto cosas dif\u00edciles de imaginar cuando se contempla la escena iluminada de una noche de verano<\/p><h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>C\u00f3mo se salva un anfiteatro: las decisiones que mantuvieron el Arena en pie<\/strong><\/h2><p>El Arena no ha sobrevivido solo. Ha sobrevivido gracias a una serie de decisiones precisas, tomadas a lo largo de los siglos, que impidieron su demolici\u00f3n o su degradaci\u00f3n definitiva.<\/p><p>El primer gran peligro lleg\u00f3 enseguida. Bajo el reinado de Teodorico, en los siglos V y VI, el anillo exterior del anfiteatro fue en parte demolido: las piedras serv\u00edan para construir las nuevas murallas defensivas de la ciudad, y la altura del Arena \u2014 treinta metros, muy por encima de las murallas \u2014 lo hac\u00eda peligroso en caso de asedio, pues un enemigo podr\u00eda ocuparlo como fortaleza elevada. Del magn\u00edfico anillo exterior, que en origen rodeaba todo el anfiteatro con setenta y dos arcos en tres \u00f3rdenes, hoy solo queda un fragmento de cuatro arcos: el llamado Ala, que a\u00fan puede verse sobresaliendo del cuerpo principal como un retazo de fachada superviviente.<\/p><p>En 1117, un violent\u00edsimo terremoto \u2014 el m\u00e1s fuerte registrado hasta entonces en el norte de Italia \u2014 destruy\u00f3 gran parte de lo que quedaba del anillo exterior. Las piedras ca\u00eddas fueron reutilizadas en otras construcciones de la ciudad. Pero la cavea interior, la parte donde se sienta el p\u00fablico, qued\u00f3 sustancialmente intacta.<\/p><p>Fue durante el Renacimiento cuando el Arena encontr\u00f3 sus primeros verdaderos defensores. Artistas y arquitectos como Giovanni Maria Falconetto, Fra Giovanni da Verona y despu\u00e9s Andrea Palladio comenzaron a estudiarlo, relevarlo y publicar dibujos del mismo. La cultura renacentista hab\u00eda redescubierto la antig\u00fcedad como un valor, y el Arena se convirti\u00f3 de repente en un monumento que preservar en lugar de una cantera de m\u00e1rmol. En 1537 fue definitivamente expulsada la colonia de prostitutas que desde hac\u00eda siglos ocupaba los arcos exteriores, sustituida por artesanos y comerciantes. En el siglo XVI comenz\u00f3 la primera restauraci\u00f3n sistem\u00e1tica de la cavea.<\/p><p>Los trabajos m\u00e1s importantes del siglo XX se llevaron a cabo entre 1953 y 1960: consolidaci\u00f3n estructural con cables de acero pretensado, recuperaci\u00f3n de los arcos para usos adecuados, renovaci\u00f3n del pavimento, restauraci\u00f3n de todo el anillo exterior. Fue en aquellos a\u00f1os cuando el Arena adquiri\u00f3 el aspecto que tiene hoy.<\/p><h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>El 10 de agosto de 1913: c\u00f3mo una idea casual se convirti\u00f3 en una tradici\u00f3n centenaria<\/strong><\/h2><p>La idea de llevar la \u00f3pera l\u00edrica al Arena surgi\u00f3 casi como una broma. Giovanni Zenatello, tenor veron\u00e9s de fama internacional, se encontraba un d\u00eda con unos amigos dentro del anfiteatro. Casi por juego, enton\u00f3 un aria. Todos quedaron impresionados por la ac\u00fastica extraordinaria: la voz llenaba el Arena sin amplificaci\u00f3n, rebotando en las piedras con una perfecci\u00f3n inesperada.<\/p><p>La idea tom\u00f3 forma r\u00e1pidamente. Era 1913, a\u00f1o del centenario del nacimiento de Giuseppe Verdi. Zenatello convenci\u00f3 al empresario teatral Ottone Rovato para organizar una gran representaci\u00f3n en el anfiteatro. La elecci\u00f3n de la \u00f3pera fue natural: el Aida, la m\u00e1s espectacular de Verdi, la que exig\u00eda elefantes vivos en escena, coros inmensos, decorados monumentales. Una \u00f3pera pensada para espacios enormes.<\/p><p>Para los decorados fue llamado Ettore Fagiuoli, un joven arquitecto veron\u00e9s sin ninguna experiencia teatral. Precisamente por eso \u2014 razonaron los organizadores \u2014 abordar\u00eda el problema sin prejuicios. Fagiuoli tom\u00f3 una decisi\u00f3n radical: elimin\u00f3 el concepto mismo de tel\u00f3n de fondo pintado. Las gradas y los arcos de piedra roja del Arena se convertir\u00edan en parte de la escenograf\u00eda. Frente a ellos coloc\u00f3 enormes columnas de bulto redondo, estatuas gigantescas, cortinas. El antiguo Egipto del Aida y la Verona romana se superpusieron visualmente, creando un efecto que ning\u00fan teatro cerrado habr\u00eda podido replicar.<\/p><p>La noche del 10 de agosto de 1913, el anfiteatro estaba lleno. Hab\u00edan llegado espectadores de toda Italia y Europa, entre peleas y aglomeraciones en las entradas. El \u00e9xito fue inmediato y total. Al a\u00f1o siguiente la temporada se repiti\u00f3. Y desde entonces \u2014 salvo las interrupciones forzadas de las dos guerras mundiales y la pandemia de 2020 \u2014 el Arena de Verona acoge cada verano el Festival L\u00edrico, que ha llevado a su escenario a Maria Callas, Luciano Pavarotti, Pl\u00e1cido Domingo, Franco Zeffirelli como director art\u00edstico, y cada a\u00f1o cientos de miles de espectadores de todo el mundo.<\/p><p>El Aida es la \u00fanica \u00f3pera que ha figurado en el programa de cada edici\u00f3n del festival sin excepci\u00f3n. Se ha convertido casi en un himno: la famosa marcha triunfal es cantada en el estadio por los aficionados del Verona f\u00fatbol.<\/p><h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Visitar el Arena: de d\u00eda y de noche<\/strong><\/h2><p>El Arena puede visitarse durante el d\u00eda como museo y monumento: se accede a la cavea, se camina por las mismas gradas donde se sentaban los espectadores romanos, se observa el escenario desde arriba y desde abajo. La estructura cuenta dos mil a\u00f1os de historia de forma directa \u2014 las piedras originales, los vomitorios de acceso, los corredores subterr\u00e1neos, el \u00fanico fragmento del anillo exterior superviviente.<\/p><p>Por la noche, durante la temporada estival, la experiencia cambia por completo. La 103\u00aa edici\u00f3n del Festival L\u00edrico se desarrolla del 12 de junio al 12 de septiembre de 2026, con un programa que combina los grandes t\u00edtulos de la tradici\u00f3n oper\u00edstica con conciertos y eventos musicales. La tradici\u00f3n quiere que cada espectador lleve consigo una vela: cuando las luces se apagan y miles de llamas se encienden en las gradas, se crea uno de los efectos visuales m\u00e1s extraordinarios que Verona puede ofrecer. No hay amplificaci\u00f3n: voces y orquesta llenan el Arena gracias a la ac\u00fastica natural descubierta por casualidad por Zenatello hace un siglo.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Era el 10 de agosto de 1913. La noche era c\u00e1lida, el cielo sobre Verona estaba lleno de estrellas y el Arena estaba abarrotado como no lo hab\u00eda estado desde hac\u00eda siglos. En el patio de butacas y en las gradas se mezclaban veroneses y visitantes llegados de todas partes de Europa y Am\u00e9rica. Entre el p\u00fablico estaban Giacomo Puccini, Pietro Mascagni, Arrigo Boito. Y, en un rinc\u00f3n, un joven escritor checo de treinta y un a\u00f1os que tomaba notas: Franz Kafka.<br \/>\nEn el escenario, entre decorados monumentales con columnas egipcias tan altas como los arcos romanos, se representaba el Aida de Giuseppe Verdi. Era la primera \u00f3pera l\u00edrica jam\u00e1s representada en el anfiteatro. El \u00e9xito fue clamoroso. Los peri\u00f3dicos del d\u00eda siguiente hablaron de \u201cun deli\u00adrante entusiasmo de una multitud cosmopolita\u201d. Y aquella noche, casi por casualidad, naci\u00f3 la mayor temporada l\u00edrica al aire libre del mundo.<br \/>\nPero el Arena llevaba all\u00ed casi dos mil a\u00f1os. 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